lunes, mayo 06, 2013

La doble moral de EE.UU. en su papel imperial (parte 1) - le double moral États-Unis son rôle dans la impérial (partie 1)



No importa en qué parte del mundo esté ubicado un país pequeño, débil e indefenso, pero que posea recursos naturales que interesen a las transnacionales de Estados Unidos, o que tengan algún valor estratégico de utilidad para sus objetivos geopolíticos o que sean administrados por gobiernos legítimamente constituidos, pero que sean indeseables para Washington o que unilateralmente sean declarados terroristas, entonces hay que agredirlos por aire, mar y tierra con todas las armas dotadas de tecnología de punta y con guerra de por medio, acabar con todos los derechos humanos que dice defender. 

Todas las guerras son la negación absoluta de los derechos humanos y Estados Unidos en su demoníaco papel imperial organiza y ejecuta agresiones armadas de todo nivel, invade naciones, bombardea poblados y ciudades y mata a hombres, mujeres y niños inocentes, pero primero mata la verdad y proclama ante la faz del mundo que invadió y asesinó para defender los derechos humanos y libertades de los pueblos atacados sin piedad, inhumanamente y con desalmada prepotencia.
Los derechos humanos y libertades son suprimidos, escamoteados, pisoteados por Estados Unidos y sus tropas de ocupación en cada país que es invadido. Suele desarrollar operaciones clandestinas con la CIA y otras agencias de espionaje o con agencias aparentemente de “ayuda humanitaria” como la USAID, para desestabilizar gobiernos, organizar huelgas, paros, marchas, dar golpes de Estado e imponer dictaduras fascistas que con la asesoría de agentes de la CIA, DEA, Pentágono y Secretaría Nacional de Seguridad, capturan, torturan, encarcelan, fusilan, ejecutan extrajudicialmente o asesinan y desaparecen personas, precisamente para rescatar libertades y derechos que según la propaganda de Estados Unidos habían sido abolidos o pisoteados por gobiernos progresistas y democráticos elegidos por sus pueblos, pero desafectos o que se niegan a acatar el dictado imperial de la Casa Blanca o Departamento de Estado.

Con cuánta reiteración e ignominia los Estados Unidos de Norteamérica suelen proclamarse adalides de las libertades, derechos humanos y democracia, para inmediatamente reírse de ellos cuando liquidan a gobiernos que los llama indeseables. Entonces creen que ven cumplidos sus sueños paranoicos del “destino manifiesto” porque al creerse pertenecer a la “clase superior” anglosajona creen, también, que son llamados para gobernar a pueblos inferiores que no merecen vivir con derechos, ni libertades, ni democracias.

Los derechos humanos tan ardorosamente defendidos por Estados Unidos, pero sólo en la propaganda cotidiana que abunda en el poder mediático mundial de propiedad del sistema capitalista, dejan de ser derechos reconocidos jurídicamente a nivel universal y dejan de valorarse como el mejor método para solucionar conflictos locales, nacionales, e internacionales, porque a Estados Unidos no les interesa los derechos humanos sino sólo la satisfacción de sus interese imperiales.

Libertades, derechos humanos y democracias son principios y vivencias de elevado valor ético, moral y social que pertenecen a todos los pueblos y culturas, pero que han sido arrebatados por Estados Unidos tanto para aplastar a sus propios conciudadanos como para aniquilar el progreso y desarrollo de todos los pueblos y Estados que han sido intervenidos brutalmente por el poder bélico imperial. Los golpes de Estado y consecuentes gobiernos dictatoriales, desde cuando echaron del poder al gobierno progresista de Jacobo Arbenz de Guatemala hasta el último del llamado golpe express ocurrido en Paraguay contra el presidente Fernando Lugo, siempre, han sido obra de los Estados Unidos, naturalmente con la complicidad de las fuerzas armadas de los países latinoamericanos o de sus oligarquías y derechas políticas y económicas. ¿Alguna vez ha existido una dictadura en el mundo que sea capaz de respetar los derechos humanos? Cualquier persona medianamente informada sabe perfectamente que Estados Unidos es el campeón de las violaciones a los derechos humanos. Los negros, los hispanohablantes, asiáticos, árabes y blancos pobres no gozan plenamente de derechos humanos dentro de sus fronteras.
Criminalizaron las denominadas migraciones ilegales y llenaron las cárceles con seres humanos arbitrariamente encarcelados. Sin fórmula de juicio deportaron a miles de hombres, mujeres y niños y a cientos de personas mataron y matan en los desiertos al norte del Río Bravo o al cruzar la frontera señalada con un muro equipado con modernas tecnologías de detección de seres humanos. Dijeron que el Muro de Berlín era una vergüenza para la humanidad, pero el muro construido por ellos para separar a Estados Unidos de América Latina o el muro de los judíos sionistas para aislar a la mártir Palestina no son una vergüenza. ¡Cuánta infamia imperial tiene que soportar la humanidad!

Los Estados Unidos de Norteamérica, con absoluta justicia, declararon la guerra al terrorismo internacional y con la ayuda de sus aliados de la OTAN invadieron Afganistán y luego a Irak. Las modernas guerras imperiales han causado miles de muertos en Afganistán y más de un millón en Irak. Afganistán es uno de los países más pobres y atrasados del mundo, pero cuando era gobernado por los talibanes la producción de la amapola, del opio y la heroína había sido reducida sustancialmente y ahora la producción de heroína ha crecido hasta superar el 93 %. La droga afgana es transportada hasta Europa en los aviones de guerra de la OTAN, según han denunciado especialistas y expertos internacionales. Y Estados Unidos dice que, también, ha declarado la guerra al narcotráfico internacional.

La guerra de Estados Unidos contra el terrorismo internacional consolidó al imperio como un imperio del terror. Ya en la II Guerra Mundial utilizó diversas formas de terrorismo para amedrentar a nazis y japoneses. Al finalizar la II Guerra Mundial, los criminales de guerra del nazi fascismo alemán que no tuvieron tiempo para huir a los mismos Estados Unidos y a otros países, fueron juzgados por el Tribunal Internacional de Núremberg, pero nunca se ha creado ningún tribunal que juzgue a los criminales de guerra estadounidenses.

¿Hay mayor terrorismo que la amenaza nuclear? Estados Unidos en los días seis y nueve de agosto de 1945, cuando Japón estaba derrotado, lanzó bombas atómicas contra las ciudades de Hiroshima y Nagasaki y ocasionó la muerte de centenas de miles de niños, mujeres y hombres civiles. Los sobrevivientes pasaron por un infierno de variadas formas de cáncer y otras enfermedades, hasta muchos años después del terrorífico espectáculo atómico.




En los primeros años de la década de los 50s, Estados Unidos intervino directamente en la guerra de Corea. Actuó con prepotencia, experimentó nuevas armas de guerra, tomó prisioneros y los torturó o simplemente los asesinó.

En la década de los 60s-70s intervino en Vietnam en una guerra ajena. La escalada violenta no respetó ningún derecho, ninguna libertad, ni los principios del Derecho Internacional o de la Convención de Viena. Bombardeó poblaciones y ciudades de Vietnam del Norte, no tuvo reparos morales para bombardear con fósforo blanco y terminó por causar la muerte de un millón de vietnamitas, pero al final admitió que perdió la guerra e inmediatamente comenzó otras y ningún Tribunal o Corte Internacional han sido capaces de juzgar y condenar los crímenes de guerra y de lesa humanidad de gobiernos y tropas estadounidenses. Y con total cinismo, el imperio se autoproclama defensor de los derechos humanos, libertades y democracias.

La “contención del comunismo”

En los años de la “Guerra Fría”, Estados Unidos convirtió a América Latina y el Caribe en un inmenso escenario de la “contención del comunismo”. Miles y miles de latinoamericanos y caribeños fueron asesinados, encarcelados o desaparecidos desde el río Bravo hasta la Tierra del Fuego.

Cuba ha sido y es la víctima predilecta de los crímenes cometidos por Estados Unidos. Bombardeó la Isla, cometió sabotajes, ejecutó actos terroristas, asesinó e hirió a miles de cubanos, hizo volar en pedazos a un avión de Cubana de Aviación en pleno vuelo, y los terroristas caminan libres y orondos por ciudades y calles estadounidenses. ¿Alguien creerá que ciertamente el imperio combate al terrorismo? En Cuba, Estados Unidos utilizó armas de la guerra químico-bacteriológica, mantiene desde hace más de 50 años un genocida bloqueo y hasta estos días dedica millones de dólares cada año, para desestabilizar o causar problemas económicos y políticos al gobierno revolucionario de Cuba.

El “fantasma” del comunismo desapareció junto al descalabro de la Unión Soviética, pero como el imperio necesita fantasmas y cucos a quienes combatir, creó un nuevo enemigo e involucró a la totalidad de América Latina y el Caribe en su particular guerra contra el narcotráfico y este ha sido el pretexto para ocuparla militarmente con muchas bases militares y los amenazantes recorridos de la poderosa IV Flota por el Atlántico y el Caribe o para crear el Plan Colombia y el guerrerista Plan Patriota y con ese mismo pretexto reiterar sus prepotentes injerencias en los asuntos internos de nuestras patrias.

Estados Unidos es el mayor mercado del mundo para las drogas y sustancias sicotrópicas. Algunos afirman que por lo menos 60 millones de estadounidenses han consumido drogas del narcotráfico internacional en alguna ocasión y 20 millones son adictos casi irrecuperables, claro que los adictos negros y pobres no importan. Pero el problema no está en la producción de cocaína, heroína, morfina o marihuana sino en el consumo. ¿Qué hacen los Estados Unidos para controlar el consumo dentro de su territorio? ¿Por qué en lugar de gastar miles de millones de dólares en su guerra contra el narcotráfico no los gasta dentro de sus fronteras para prevenir su consumo o recuperar a los drogadictos? Más aún. Laboratorios y farmacéuticas estadounidenses producen crack, éxtasis, anfetaminas y drogas adictivas que son usadas por estadounidenses y por ciudadanos de todo el mundo y en especial de América Latina y el Caribe, porque Estados Unidos es el gran productor y exportador de este tipo de drogas. ¿Se imaginan a algún país latinoamericano que ocupe militarmente Estados Unidos o instale bases militares en sus territorios para combatir esas drogas?

Estados Unidos tiene las fronteras mejor vigiladas del planeta y, sin embargo ingresan miles y miles de toneladas de todo tipo drogas ilegales para satisfacer las necesidades de su mercado interno. ¿Acaso no interesará el ilegal comercio de drogas al propio sistema? Basta recordar el negocio de la CIA de drogas y tráfico de armas para con las utilidades armar y pagar a los contras nicaragüenses y mercenarios que guerrearon contra el gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional.

El sistema financiero-bancario de Estados Unidos lava anualmente billones de dólares provenientes del narcotráfico, pero impone castigos, sanciones y toda clase de trabas al sistema financiero-bancario de las naciones latinoamericanas y caribeñas si sólo sospecha que han lavado unos cuantos miles o millones de dólares. ¿Se ha enterado de la detención, apresamiento o enjuiciamiento de los capos estadounidenses del narcotráfico internacional? No porque sólo apresa a narcotraficantes al menudeo y en especial a negros o inmigrantes hispanos o de cualquier parte del mundo. Los famosos capos latinoamericanos que ostentan miles de millones de dólares obtenidos del ilícito negocio, son unos pordioseros comparados con los capos estadounidenses que se quedan con la mayor parte del dinero del narcotráfico.

La guerra contra el narcotráfico que libera Estados Unidos es una descomunal hipocresía que esconde los verdaderos intereses geoestratégicos y políticos del imperio con fines de dominación neocolonial, porque el problema del narcotráfico no es de producción sino de consumo.

Quizá el mayor cinismo de Estados Unidos está en la declarada guerra contra el terrorismo internacional. Con ese pretexto no sólo invadió países como Afganistán e Irak sino que bombardeó a otros países como Somalia o se inventó el Eje del Mal, siendo Estados Unidos el punto principal y estratégico de ese Eje. ¿Qué tienen que ver países víctimas del terrorismo estadounidense como Cuba al que con total desvergüenza lo puso en la lista de países que apoyan al terrorismo? ¿O Venezuela? En esa lista imperial constan Irán, Corea del Norte y otros considerados por la Casa Blanca como desafectos. Esa guerra contra el terrorismo desnudó totalmente a Estados Unidos y mostró ante el mundo su verdadera cara de imperio del terror. Invadió Afganistán para capturar a Osama Bin Laden que fue una creación terrorista de Estados Unidos, pues la CIA lo entrenó, lo convirtió en su agente predilecto por ocasionar una serie de atentados criminales contra las tropas del Ejército Rojo de la URSS, asentadas en Afganistán. Por otra parte, Osama Bin Laden fue hijo de la familia Bin Laden que era socia de Bush en varios negocios petroleros.

Pero la infamia más grande de esa guerra contra el terrorismo internacional está en que el imperio involucró a decenas de países en su venganza particular, además de violar todos los derechos humanos en los países ocupados y negarles los más elementales derechos a quienes apresó y los llamó prisioneros de guerra. Guantánamo en Cuba y Abu Ghraib en Irak se convirtieron en el más acabado ejemplo de violación de los derechos humanos por parte del imperio más poderoso de la tierra, el autollamado líder mundial de la defensa de los derechos humanos, libertades públicas y democracias al estilo occidental y cristiano, es decir estadounidense.

Estados Unidos viola todos los derechos humanos y quizá mucho más que cualquier otro país del orbe. La situación de los derechos humanos y su cumplimiento llevó al jurista y filósofo italiano Norberto Bobbio a decir que el problema de fondo no es tanto fundamentar los derechos humanos cuanto protegerlos porque el primer problema fue resuelto por la Declaración Universal de 1948.

Bobbio afirmaba: “Se podrían multiplicar los ejemplos del contraste entre las solemnes declaraciones y su realización, entre la grandiosidad de las promesas y la miseria de los cumplimientos”, pero esta gran verdad como muchas otras son desconocidas o ignoradas por los dirigentes del imperio que tanto se ufana por defender los derechos humanos en cualquier parte del mundo para invadirla, destruir y suprimir todos los derechos en cada intervención armada o planificada para dar goles de Estado.

El imperio del terror es experto es proclamar el respeto a los derechos humanos y violarlos o desconocerlos de conformidad con sus intereses y objetivos de dominación mundial.

Un claro e irrefutable ejemplo de su “respeto” a los derechos humanos se ha dado en su guerra contra el terrorismo internacional y las terroríficas acciones clandestinas de la CIA que, gracias a la acuciosidad de algunos medios de comunicación y periodistas desligados de las agencias internacionales de prensa de propiedad del capitalismo mundial, han sido develadas.

La CIA tiene cárceles secretas en varios países, en las que encierra a los “prisioneros de guerra y sospechosos de terrorismo”, en particular de ser miembros o de pertenecer a al famoso Al Qaeda. Para “capturar” a terroristas o sospechosos de serlo, la CIA se inventó el secuestro de personas a plena luz del día en cualquier ciudad o poblado de la tierra, y contrató a compañías de aviación para efectuar vuelos secretos para conducir a los secuestrados a cárceles clandestinas ubicadas en distintos países, en especial en aquellos en los que se practica la tortura, como un medio normal de interrogatorio. La prensa internacional y organismos defensores de los derechos humanos como Amnistía Internacional expresaban que “la revelación de tales centros clandestinos de detención se añadió a la controversia que rodeaba la política de los Estados Unidos con respecto a los “combatientes ilegales”. Según las fuentes gubernamentales, los detenidos están separados en dos grupos. Aproximadamente, 30 detenidos son considerados los sospechosos de terrorismo más peligrosos o importantes y son custodiados por la CIA en sus centros clandestinos de detención bajo unas condiciones muy reservadas. El segundo grupo está compuesto por más de 70 detenidos quienes habrían sido originalmente enviados a los centros clandestinos de detención, pero fueron pronto enviados por la CIA a las agencias de inteligencia en los países del Medio Oriente y del Asia, tales como Afganistán, Marruecos y Egipto. Deben ser contados otros cien detenidos fantasmas secuestrados en territorio europeo y devueltos a otros países, según el informe del senador suizo Dick Marty de enero de 2006.

Este proceso es llamado de “rendición extraordinaria”. Marty también destaca que los países europeos probablemente tenían conocimientos de estas operaciones secretas. Además, la CIA aparentemente asiste financieramente y dirige las cárceles en estos países. Si bien los Estados Unidos y los países receptores han firmado la Convención contra la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, los oficiales de la CIA tienen permitido el uso de lo que la agencia denomina ’técnicas de interrogación mejoradas’. Se alega que estas constituyen "dolor severo y sufrimiento" bajo los términos de la Convención de las Naciones Unidas, lo cual significaría una violación del tratado y, por tanto, de la ley estadounidense.

Sigue en parte 2

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