miércoles, agosto 15, 2012

Discurso textual para leer y coleccionar: @MashiRafael en Aniversario Revolución Alfarista - Discours textuel pour lire et collecter: @MashiRafael lors de l'anniversaire Révolution Alfarista




Montecristo, 5 de Junio de 2012

DISCURSO TEXTUAL PARA LEER Y COLECCIONAR: DEL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DEL ECUADOR, RAFAEL CORREA DELGADO EN EL CXVII ANIVERSARIO DE LA REVOLUCIÓN ALFARISTA DE 1895


Queridas compañeras, queridos compañeros:
El 5 de junio de 1895, hace 117 años, una ferviente multitud, constituida en Asamblea Popular   proclamó   al   General   Eloy   Alfaro Delgado    como    Jefe    Supremo    de    la República del Ecuador.

Hoy celebramos el ciento diecisiete aniversario del  triunfo  de  la  revolución  radical alfarista; esa revolución radical que construía la secularización de la sociedad y la cultura, que estableció la separación de la iglesia y el Estado, que instauró el reconocimiento de nuevas garantías constitucionales como la abolición de la pena de muerte y la prisión por deudas; una revolución integral que no se quedaba en las reformas liberales, que establecía cambios profundos, que buscaba la extensión de todos los derechos políticos, por ejemplo, para la mujer.
Esta proclama, que le otorgaba todos los poderes para movilizar fuerzas, para unificar el país, para modificar el rumbo de la República, para conformar un Estado laico al servicio del Bien Común, esta confianza que se depositaba en él, este compromiso ante la Patria, ocurrió en su ausencia, mientras él se encontraba en Nicaragua, como parte de su acción política bolivariana que buscaba la unidad de la región; había estado en Panamá, en Perú, en México, en Costa Rica, en Manabí, en Guayaquil, en Quito, en Zamora, en Napo, en Loja, en Cuenca, en Alausí, en Daule y en tantos otros lugares, forjando las transformaciones profundas para la Patria Grande y para el Ecuador; su voluntad indomable entramaba la nueva independencia, unía voluntades, conseguía fondos para la lucha, concretaba medios para el combate, lideraba tropas, organizaba estrategias, para conseguir la verdadera independencia económica y política de su Patria y de toda Nuestra América…
Por más de treinta años estuvo Don Eloy, en el país y fuera de él, trabajando las ideas, velando armas, alimentando sueños para transformar el sentido mismo del ejercicio del poder, para que dejara de ser un instrumento de extorsión y opresión, este poder, y pasara a estar al servicio de las grandes mayorías, con un Estado que vigilara la igualdad de derechos civiles para todos. Saben, queridos jóvenes, qué es lo más admirable, para mí, de un Simón Bolívar, de un Eloy Alfaro, más que sus legados maravillosos de independencia, de revolución, de igualdad, es su constancia, independientemente del triunfo o la derrota, lo cual, como dice Rudyard Kipling pueden ser simples accidentes, la constancia de Bolívar, su espíritu de sacrificio, Bolívar cuando nació era el niño más rico de Venezuela y lo dejó todo  por  servir  a  la  causa  de  la Independencia, Eloy Alfaro, también venía de una familia acomodada, lo cual derrumba los mitos que los demagogos tratan de imponer a los más pobres, de que solo el pobre salva al pobre, solo el indígena ayuda al indígena, los demás somos enemigos, así aíslan a esos grupos, aíslan a las víctimas de la exclusión de   los   no   victimizados,   que   no   somos culpables de esa injusticia histórica, pero que estamos dispuestos a dejar la vida para corregir esta injusticia. Pero lo más admirable de estos seres extraordinarios, Bolívar, Alfaro, fue su constancia, su espíritu de sacrificio, el estar dispuestos a dejar todo para luchar por su   idea.   Las   oligarquías   de   esa   época llamaban a Alfaro, y durante mucho tiempo lo llamaron despectivamente “el General de las derrotas”. Treinta años pasó luchando y la mayor parte de esos treinta años pasó perdiendo, hasta que triunfó su Revolución Liberal Radical y nos dejó el Estado Moderno que permitió muchas más garantías; pero, por supuesto,  todavía  faltaba  muchísimo  para conseguir  esa  justicia  social,  esa  igualdad, pero dejó sentadas las bases para aquello. El mejor legado que nos puede dejar Alfaro es su ejemplo de constancia, sacrificio, desprendimiento inmenso, sin límites.

Este encargo, este nombramiento de Jefe Supremo que la Asamblea Popular le confería a Eloy Alfaro, reconocía al indiscutible líder de la   insubordinación   popular,   al   dirigente político, al incorruptible, pese a todo lo que le dijo la prensa en ese entonces-. Prohibido olvidar, queridos jóvenes, para no ser víctimas de los mismos victimarios, para no ser engañados por los mismos de siempre.

En un gran acierto, el Ministerio coordinador de Patrimonio, que dirige la Ministra María Fernanda Espinoza, ha hecho este estudio histórico; éste no es un pasquín, son estudios muy serios, sobre el papel de la prensa en la época Alfarista, se titula “La tinta, el papel, y el odio mataron al Viejo Luchador”, por favor revísenlo,  estúdienlo,  discútanlo,  para aprender de la historia, para no ser víctimas de los mismos que encendieron la Hoguera Bárbara. Este nombramiento de la Asamblea
Popular  era  el  reconocimiento  al  líder,  al dirigente político, al incorruptible, pese a que todos  los  días  le  llamaban  “ladrón”  en  la prensa corrupta de ese entonces, al incorruptible, que por más de 30 años había luchado por cambiar los destinos de nuestro país; el pueblo reconocía así a su aliado de toda la vida y le entregaba el ejercicio del poder para que cumpliera las esperanzas que había sembrado en miles y millones de desamparados, durante tantos años.
Los conservadores lo aborrecían, los liberales lo aceptaban a regañadientes, no era uno de ellos. Don Eloy era pueblo. Mientras los liberales buscaban cambios tibios, Alfaro era, como nuestra Revolución, radical, porque radical era la situación de nuestro país, de nuestra América, y continua siéndolo, y requiere de respuestas radicales. Alfaro era radical. El sabía que los cambios a medias no funcionan, que solo una verdadera revolución podía democratizar el país, y democratizarlo de verdad, que no es tener elecciones cada cuatro años; la esencia de la democracia, queridos jóvenes no lo olviden, es la igualdad de   oportunidades,   en   lo   que   hemos avanzado mucho en la Revolución Ciudadana, pero todavía nos falta muchísimo por hacer, para tener en nuestro país y en nuestra América esa igualdad de oportunidades, base de la verdadera democracia, por eso este día no debe recordarse como el día del liberalismo, porque en realidad es el día del radicalismo. Alfaro fue mucho más allá de lo que se concebía como liberalismo en esa época,   los   liberales   eran   burgueses,   no querían igualdad, discriminaban, lo que no querían era el poder eclesiástico, el poder terrateniente,  pero  a  Alfaro,  definirlo  solo como  liberal  sería  subestimar  su  inmensa figura histórica, fue mucho más que un liberal, fue un radical, dio respuestas radicales ante las injusticias, las diferencias, las desigualdades que existían en el Ecuador de ese entonces y que todavía existen hoy. El es en realidad radical y este es el día del radicalismo, porque esa era la filiación política de  Alfaro  y  porque  ese  era  el  deseo  del pueblo, un cambio radical, profundo, revolucionario.

Eloy Alfaro Delgado, que había sido nombrado ya General en Nicaragua, donde también combatió por la libertad. Y que ¡Viva nuestra Nicaragua   Sandinista!;   que   ¡Viva   nuestra América  Latina  martiana,  guevarista!  –otro hombre que nos dejó un legado extraordinario de entrega sin límites-, que ¡Viva nuestra América   bolivariana,   nuestra   América   de tantos próceres, que nos han enseñado el camino a seguir! Alfaro, desde Nicaragua, aceptó este nombramiento que le hacía la Asamblea Popular en el Ecuador y marcó un verdadero cambio de época.
El  Viejo  Luchador  llevaba  30  años combatiendo. Queridos jóvenes, les insisto, despectivamente se burlaban de él y lo llamaban el “General de las Derrotas”, como si eso fuera lo importante, lo importante es ser coherentes con los principios, estar dispuestos a dar la vida; si no tienen algo por lo que dar la  vida,  tal  vez  esa  vida  no  vale  la  pena vivirla; y su ideal era Ecuador, su ideal era esa América, esa Patria Grande libre de injusticia, digna, soberana, como lo está buscando  la  Revolución  Ciudadana  en nuestros   días.   El   Viejo   Luchador   llevaba treinta años combatiendo, “no buscaba nada para  sí”,  aquí  en  Montecristi  tenemos  esta frase como guía, “no buscaba nada para sí, todo para su pueblo”, para que amaneciera la libertad, para que la gente fuera considerada gente más allá de su credo, de su raza o su cultura; para que la libertad de pensamiento, de  expresión,  de  reunión,  fueran  posibles; para que la educación pública, laica y gratuita, fueran posibles; para que la salud fuera un derecho; para que hubiera caminos y un tren trasandino unificara esta Patria partida, dividida, esparcida y ajena.
30 años de sacrificios, de destierros, de encierros, de naufragios, de batallas, de victorias, de derrotas, siempre tras el mismo objetivo, abogando por la felicidad, por la hermandad, por la civilidad, en medio de la barbarie que reinaba en el país, contra el despotismo que continuaba a pesar de la Independencia, luchaba contra la dominación semi esclavista que continuaba desde la Colonia con los pueblos indígenas, luchaba contra el discrimen a las mujeres y a los afrodescendientes, que aunque habían sido manumitidos por Urbina, continuaban bajo un régimen de exclusión total; luchaba contra la inequidad, contra la corrupción, contra la demencia de la explotación voraz.

30 años venía sembrando con ideas fértiles en todo  el  suelo  nacional;  treinta  años  venía luchando,   machete   en   mano,   blandiendo ideas, conceptos políticos, propuestas trascendentales; organizando ejércitos de voluntarios, sin recursos, sumando colaboraciones generosas en el país y fuera de él;  sin  logística,  aceptando  el  sacrificio  de quien entregaba su sementera, su único caballo,  su  única  oveja,  para  apoyar  a  la causa; armando el rancho del día con las verduras que la gente del lugar les ofrendaba; alimentándose del cariño popular, que era el mejor sustento de las montoneras; sin armamento, juntando palos, escopetas, rastrillos, machetes, así se juntaron cientos de miles, hombres y mujeres, descamisados, cholos, negras, guarichas, montubios, indígenas, mestizos, todos para ir a cambiar la historia, si no para ellos mismos, para sus hijos y los hijos de sus hijos.

Antes de Alfaro el país no estaba unido en un solo imaginario, los intereses económicos de la Costa estaban en franca disputa con los de la Sierra; y no se trataba de simples regionalismos exacerbados, los oligarcas se disputaban  espacios  de  poder  a  sangre  y fuego. Claro que siempre los pobres ponían los muertos y los ricos se disputaban el país a dentelladas.
No había caminos entre Costa y Sierra, entre Sierra y Oriente -es difícil imaginarse el país de ese entonces, ahora ustedes pueden salir a cualquier restaurante de Quito y servirse un ceviche de camarones, ¿verdad?-. Hace un siglo no se conocía eso en la Sierra, porque no se podían transportar mariscos adecuadamente, eso se logra con el tren; incluso se conocen nuevos alimentos de diferentes   regiones   del   país.   No   había caminos, gran parte del territorio estaba desconectado, no existían instituciones civiles, todo era manejado por la iglesia católica y profesar otro credo se consideraba un delito; los indígenas continuaban sometidos al pago de diezmos y a esa abominable institución que era el concertaje; no había Ejército regular, ni Marina, no había paz en las fronteras; ese era el Ecuador que teníamos antes de Alfaro, fraccionado, sometido a los poderes eclesiásticos y oligárquicos de la época.

Los conservadores se regodeaban en esta tierra de nadie donde ellos podían explotar a sus anchas recursos y personas, gracias a la indiferencia de un Estado minimizado y corrupto, que no cobraba impuestos, que no defendía a los trabajadores, a los campesinos o a los descalzos, y que no hacía inversión pública para el bien común; los liberales aceptaban este status quo simplemente pidiendo más libertades pero para las élites, sin llegar a amenazar el poder que había ostentado la iglesia desde la Colonia; nunca se propusieron liberar de la semi esclavitud a millones de conciudadanos indígenas, porque al igual que los conservadores, ellos simplemente  no  los  consideraban  como sus   iguales;   hacían   lo   mismo   con   las mujeres, los afrodescendientes, los discapacitados, los enfermos, los desposeídos, los pauperizados, no los veían, los borraban de su mapa mental; en cambio, el General Alfaro, radical entre los radicales, no solo los veía, sino que vivía dispuesto a morir por defender  los  derechos  de  los  más desposeídos.

Es gracias a Alfaro que hoy tenemos Patria,  muy  probablemente  sin  Alfaro  la Patria se hubiese disuelto en medio de tantas pugnas internas, tantos problemas en las fronteras, sin fuerza pública organizada, sin un Estado consolidado; es gracias a Alfaro que hoy   tenemos   Patria,   gracias   a   su   vida entregada y ferviente, y también gracias a su machete montonero. Gracias a ese “diablo” a ese “masón”, tenemos hoy identidad civil, igualdad en esa identidad, todos nosotros, incluidos los que por siglos permanecieron “invisibles”, mujeres, indígenas, afros y montubios (aunque solamente ahora, con la Revolución Ciudadana, son reconocidos y reivindicados plenamente en sus derechos, no solamente ellos, sino todas las diversidades, pero esa semilla la dejó sembrada el General Alfaro y su Revolución Liberal Radical); fue gracias  a  ese  Alfaro  que  se  fundó  el Estado laico que hoy nos cobija y eso nunca se lo perdonarán los poderosos.
Así como ahora, los poderes fácticos que se opusieron a los cambios de la Revolución Radical Alfarista, también ahora se oponen a las transformaciones profundas de la Revolución Ciudadana; poderes de la banca corrupta que vela sólo por sus intereses; ciertos grupos eclesiásticos que siempre han medrado de la ignorancia, que siempre han contemporizado con los poderes fácticos; la prensa calumniadora y falaz, la que suscribe mentiras y dicterios, la que publica infamias, la que  corrompe el sentido de la democracia, la que distorsiona la libertad de expresión, esa prensa “libre”, entre comillas, pero  libre  de  impuestos,  libre  de  criterios, libre de ideas; esa prensa que llamaba al general Alfaro “abyecto”, “asesino”, “corrupto”… esos son los poderes que combatieron a la Revolución Radical, esos son los intereses que azuzaron la pira criminal, la bárbara   hoguera,   y   nos   enorgullece,   mi General   Eloy   Alfaro   Delgado,   tener   sus mismos enemigos, esos mismos poderes tratando de minar los logros de los ciudadanos y ciudadanas del siglo XXI.
Pero, si lograron en forma criminal detener la Revolución de Eloy Alfaro, deteniendo su vida, ahora se topan con un pueblo altivo, que es capaz de tomarse las calles y las plazas para defender esta Revolución como en aquel nefasto 30 de septiembre; esta Revolución es imbatible porque está llena de pueblo, llena de millones de manos y de voluntades que se movilizan, que construyen esta Patria Nueva, esta vida nueva.

El pueblo se ha cansado de la perversidad, de la   calumnia   y   el   despropósito   de   esas empresas   dedicadas   al   negocio   de   la información, que no vacilan en manipular, en distorsionar la verdad; esas supuestas verdades que apenas llegan a ser lo que el dueño   del   medio,   el   propietario   de   la imprenta, los accionistas de la empresa, quieren  que  sea.  Hace  poco  nos  quisieron hacer creer que nuestro país se encontraba en un estado de indefensión, cuando en realidad es nuestra sociedad la que está en un verdadero estado de indefensión frente a lo que 5 o 6 familias propietarias de estas empresas de comunicación quieren que creamos, quieren que pensemos. ¡Nunca más! Ellos, los de siempre, son los que nos han inmovilizado desde hace décadas, siglos, sembrando en nuestro imaginario los mitos de que  somos  corruptos,  vagos,  indolentes, que somos un pueblo sin proyecciones, sin futuro, profundizando uno de los problemas más graves que han tenido nuestros pueblos para liberarse de los yugos: su baja autoestima.  ¡Basta!  Somos  un  pueblo hermoso, solidario, inteligente y creativo; un pueblo con sueños y esperanzas, un pueblo que avanza hacia el futuro. Que nos roben todo, queridos jóvenes, menos la esperanza, la fe en nosotros mismos.

Compañeras, compañeros:
De las entrañas del pueblo más humilde nació esa Revolución Alfarista, de las manos callosas de  los  sembradores,  del  pensamiento libertario de los maestros, Juan Montalvo, amigo  de  Don  Eloy,  de  los  esfuerzos  de quienes siembran el trigo y los poemas; esa revolución vio la luz a través de los ojos profundos de los trabajadores; se entibió en el lucero recién nacido de la madrugada de los que hacen el pan; se hizo fuerte con el amor sin límites de las amas de casa, de los que sueñan con la Patria.
En  el  brillo  de  los  ojos  de  la  gente  que recupera los sueños, está vivo mi General, en la fuerza y el aliento de nuestro pueblo. Ese coraje creador, esa confianza en nosotros mismos, ese pundonor, esa alegría, son las  cartas  credenciales  del  nuevo  país, con la imagen indeleble del “Cóndor de América”; por ello, es que nos atrevemos a decir que Usted, General Eloy Alfaro Delgado, está otra vez luchando por su gente, está más vivo que nunca.

Por supuesto que todos sus cambios radicales le ganaron muchos enemigos –así como de enemigos   está   empapelada   la   Revolución Ciudadana con los periódicos QUE ENCIENDEN HOGUERAS CRIMINALES-; esos enemigos están conspirando todos los días, especialmente en los círculos de los poderosos que perdieron prebendas, incluso reuniéndose con mafiosos ex presidentes extranjeros…
Si Don Eloy estuviera entre nosotros, a los conceptos de libertad, igualdad, fraternidad, él mismo añadiría aquellos que incorporamos en la Revolución Ciudadana: equidad, justicia, inclusión, respeto a la diversidad, permanencia de las culturas y amor inclaudicable por la vida.
Eloy Alfaro Delgado fue el artífice de la más grande transformación política que ha tenido el Ecuador. General, en nombre de la Patria, reconocemos con humildad que su Revolución hoy nos alumbra y nos dirige:
¡La Revolución Ciudadana es Alfarista!

Nosotros  por  convicción,  por  profesión  de vida, propugnamos y defendemos los Derechos Humanos, los derechos civiles y hasta los derechos de la naturaleza; sin embargo hay quienes dicen que ahora ya no hay libertad, porque ya el mercado no nos domina, sino que dominamos al mercado, porque ya el ser humano en nuestro país está sobre el capital.
En nuestro informe reciente en Ginebra recibimos el beneplácito de más de 77 países, que ovacionaron la visión integral que aplica nuestra Revolución y esa es una verdad que no podrá ser borrada por tramposos titulares.
Las cifras hoy  nos  dicen  que tenemos  un crecimiento económico de casi el nueve por ciento, lo que era una utopía hace cinco años; tenemos una macroeconomía saludable, hemos disminuido la pobreza; en plena crisis mundial  hemos  logrado  disminuir  el desempleo   y   el   subempleo   a   records históricos;  hemos  avanzado en competitividad,  crecido  en  industria, disminuido la desigualdad, hemos alcanzado mejores niveles de vida. Estas son victorias colectivas, es el trabajo de nuestra sociedad en su conjunto, de nuestro pueblo es la gloria, porque las independencias, las revoluciones, no las hacen los líderes únicamente, las realizan los pueblos, con cohesión social, con esperanza, con pasión de Patria, con infinito amor. Nuestra Revolución Ciudadana es el resultado de la suma de millones de voluntades, de millones de manos, de millones de sueños a los que no renunciaremos.

Nuestra Revolución es auténtica, es una revolución pacífica, democrática, profundamente humanista, bolivariana y Alfarista, pero Revolución. Hoy nuestros campos de batalla son las ideas, las realizaciones y las urnas, nuestras balas son los votos, nuestros soldados los ciudadanos y ciudadanas. El futuro que nos espera depende de nosotros, de nuestras visiones, entrega y acciones. Pero el camino es hacia adelante, siguiendo la luz de los grandes líderes que nos antecedieron, persiguiendo las grandes utopías, que por ser inalcanzables sirven para eso, para avanzar.
Las metas son ambiciosas. No queremos únicamente acabar con la miseria extrema, sino desterrar de nuestro territorio para siempre toda clase de pobreza. No  queremos  un país pequeño y sometido, sino un país soberano, ejemplo de ética en la región y en el mundo, un país lleno de     creadores,     de     soñadores     y     de emprendedores; un país parte de la Patria Grande que Usted, y su amigo José Martí, soñaron, un país pequeño en extensión, pero inmenso en ideas, en propuestas, en realizaciones.
En este día de fiesta nacional, en que conmemoramos 117 años de la Revolución Alfarista, le agradecemos, Don Eloy, su vida de servicio entregada a la Patria, a los montoneros, a los cholos, a los indígenas, a los afros, a las mujeres, a los librepensadores, a   los   trabajadores,   a   los   hermanos   y hermanas que enarbolaron sus ideales y que lucharon por ellos, le agradecemos en este día su gesta, honramos su memoria y renovamos la promesa de jamás traicionar a nuestra gente, de no detenernos hasta consolidar una Patria justa, productiva, equitativa, feliz y soberana.

General Eloy Alfaro Delgado, General de hombres libres, Usted fue nombrado General en la hermana República de Nicaragua, por sus servicios relevantes en la lucha por la unidad y por el establecimiento de los principales   derechos   de   los   pueblos;   el Ecuador ha mantenido en forma indigna esa deuda histórica para con Usted y con la Revolución Radical; hoy, en nombre de la Patria, en reconocimiento a sus ideas, a su coherencia, a su lucha, a su monumental esfuerzo por cambiar el país; en reconocimiento a su memoria combativa que nos cobija y nos alumbra; en nombre de los catorce millones de ecuatorianas y ecuatorianos, tengo el privilegio de otorgarle el grado de General de la República del Ecuador, –qué privilegios inmerecidos que da la vida, cuándo me iba a imaginar de joven, de niño, de adolescente, que la vida me iba a dar el privilegio de nombrar a Eloy Alfaro Delgado General de la República-, junto al reconocimiento  de  ser  el  Comandante  en Jefe de la Revolución Ciudadana.

¡Hasta la Victoria siempre!



++++++++++++++++++++++++++++++++++++++


Entradas Relacionadas