miércoles, julio 11, 2012

Algo de la trastienda política en Argentina -parte final


Las Charlas de Quincho de Ambito Financiero. 
(segunda parte y final)

Completamos la entrega de esta sección que, como todos los fines de semana largos, se dividió en dos entregas. Desde ya, el tema de casi todos los quinchos (incluso alguno aéreo) fue la situación en la provincia de Buenos Aires. Y pese a que los dos protagonistas principales guardan el más absoluto secreto, le contamos los detalles más íntimos del entuerto. También estuvimos con ministros, secretarios y gobernadores en el periplo organizado hacia Tucumán, y en dos encuentros realizados por la UCR para homenajear a un expresidente. En todos los casos hubo diálogos cargados de anécdotas del pasado y del presente. Y como no sólo se comercian autos y commodities con Brasil, le contamos un sarao donde sólo se habló de arte a nivel bilateral. Veamos. 

Cristina de Kirchner en Tucumán junto a vecinos ataviados a la usanza histórica para participar del acto nacional por el 9 de Julio. En el viaje no habló con ministros, que se cuidaron de referirse a la puja kirchnerismo vs. sciolismo.; Mario Losada y Ricardo Alfonsín se incorporaron al Instituto Yrigoyeneano en el homenaje semanal de la UCR a sus próceres, esta vez Hipólito Yrigoyen. Los acompañan el secretario del Instituto, Fernando Blanco, el presidente Diego Barovero, y Fernando de la Rúa

Cenáculo habitual de confesiones de alto vuelo, la cabina del Tango 01 pudo ser sede de alguna revelación o, al menos, alguna sensación de lo que se dice y piensa en el vértice del poder sobre la inquina que domina a todo el oficialismo entre el kirchnerismo y Daniel Scioli. Agazapados entre las butacas, se registró un dato insólito: con todo el gabinete en el pasaje de ida y de vuelta a Tucumán para acompañar a Cristina de Kirchner en el acto del 9 de Julio, el tema estuvo ausente de los corrillos que armaron ministros, secretarios y algún gobernador. Cruzaron chanzas y comentarios, sobre todo lo divino y lo humano, pero nadie se animó a apostar un dato ni una reflexión, a la espera de que todo se resuelva entre los protagonistas máximos.
La Presidente, como ocurre en algunos de los viajes, evitó encontrarse para dialogar con sus compañeros de vuelo, que esperaron en la partida a que ingresase al sector que ocupa, una oficina y un dormitorio, para subir a sus asientos. Tampoco en la vuelta hubo más que un saludo formal al descender en Aeroparque. Liberados de miradas severas, el viaje tampoco daba para partidas de truco, como ocurre en los traslados de larga distancia; por eso escuchamos chanzas sobre algunos de los pasajeros, como José López, secretario de Obras Públicas, que es tucumano y a quien le reprochan una inclinación por favorecer emprendimientos en su provincia en desmedro de otras, algo que ha llegado a observarle la Auditoría General de la Nación. Alguno ensayó, entre risas, un cenotafio que alguna vez, imaginó, se inaugurará en esa provincia con la leyenda «Aquí yace José López, refundador de Tucumán». 

Otros ministros fueron tentados a dar algún dato sobre la pelea bonaerense, como Julio De Vido, quien ha retomado el cargo de enlace con los intendentes, a quienes les aseguró la semana pasada, en varias reuniones, que pese a las restricciones al gasto, seguirán las inversiones en el distrito. No lograron nada nuevo. Más serio, Julio Alak se ocupó de desmentir la leyenda de que el juez platense Luis Arias, que concedió el amparo a los gremios que reclamaron el pago íntegro del aguinaldo, lo tuviera a él como referente. Lo negó y recordó que llegó al cargo judicial patrocinado por Luis Lugones -exsecretario de Seguridad de Buenos Aires y hoy vicepresidente del PJ de La Plata-, quien es tío del principal adversario interno del ministro de Justicia Pablo Bruera, quien sucedió a Alak en la intendencia platense.
Sin avanzar en opiniones, coincidieron los contertulios del Tango 01 que ese fallo anti-Scioli estuvo cargado de política al dictarlo el día viernes de un fin de semana largo, entorpeciendo el recurso que podía presentar el fiscal de Estado hasta hoy martes. Guillermo Moreno, otro pasajero en el avión a Tucumán, fue jaleado por los funcionarios, con algo de envidia, como el más popular del gabinete y sin ser ministro, porque adonde llega tiene una barra que lo alienta en sus lindezas, como ocurrió efectivamente al arribar al acto.

Héctor Timerman, el más viajero de todos. los entretuvo con curiosidades y anécdotas de su viaje a Azerbaiyán, como que es un país musulmán pero laico y que tiene como aliado a Israel, a quien le compró el año pasado u$s 1.400 millones en armamento, o que tuvo siempre una relación especial con Rusia durante la existencia de la otrora URSS porque el padre del actual presidente era uno de los máximos jerarcas del PC soviético y amigo de Leonid Brezhnev, quien se ocupó de darle obras públicas que le permiten hoy ser uno de los países con mejor infraestructura. Nadan en petróleo, contó el canciller, y producen de todo pero no de la mejor calidad. En el viaje comercial de la semana pasada a ese país, los funcionarios recibieron un regalo que sintetiza las contradicciones de una nación que fue perla de la URSS: una miniatura de torre de petróleo dorada que es una caja de música que cuando se la activa deja escuchar la canción «If I were a rich man», la principal de la comedia «El violinista en el tejado».
En el regreso, comentarios más triviales, como las bromas de De Vido al gobernador Gerardo Zamora, quien al subir a la combi que los llevó al acto no encontró asiento. «¿Dónde está mi silla?», se quejó, y le respondieron que los tucumanos le ejercieron otra de las pullas contra los santiagueños. Viajó parado hasta la Casa de Tucumán. Otros observaron el enojo de la Presidente por las bombas de estruendo que hicieron estallar mientras hablaban los partidarios del intendentes de la capital provincial que mantienen, como corresponde, una pelea interna con el gobernador José Alperovich.

El silencio sobre el tema Scioli no fue exclusivo de la nave presidencial. Tampoco le confesará nunca a nadie Daniel Scioli lo que habló el viernes por teléfono con Cristina de Kirchner -trámite que se dio con la rutina habitual: llamado del gobernador a Olivos y respuesta a los pocos minutos de la Presidente-, ni al público que siguió su rueda de prensa del sábado, ni al pequeñísimo grupo de funcionarios con quienes, después, se reunió a almorzar, tarde, en el quincho de la residencia de La Ñata, del cual formaron parte unos pocos familiares, incluido su hermano José. Bastaba, más que el contenido de la conversación, que tampoco revelará la Presidente, mencionar el gesto para que el gobernador viera cumplido su propósito mediático: afirmar que los asuntos graves los hablan ellos dos a solas, que nunca hay ruptura y que lo que dicen las segundas líneas no tiene importancia alguna.
Se refería a la tira de agravios que habían salido de algunos dirigentes del kirchnerismo provincial descalificando, presuntamente sobre la base de palabras de la Presidente que, le quedó claro a Scioli a partir de esa conversación, ella desmintió. Aunque los dos protagonistas de esa conferencia telefónica lacren el contenido, en ese almuerzo en La Ñata Scioli se movió como quien hubiera escuchado de boca de la Presidente que ella nunca lo trató de «inútil» ni que tampoco hubiera sugerido «que se fuera». Por el contrario, en público y en privado se sintió reivindicado frente a esos deslices verbales y se afirmó en la promesa presidencial de que habrá nuevas ayudas. Presente en ese almuerzo uno de los artífices de los malabares financieros de la provincia, se festejó que avanzará esta semana la clave para que puedan seguir haciéndose los pagos, aunque fuera en cuotas: la monetización de unos $ 1.000 millones de la serie de los títulos Bogar 2018 que hoy figuran entre los activos inmovilizados del Banco Provincia. Esos títulos no tienen mercado y su monetización sería posible si el Banco Central la autorizase. La provincia tiene unos $ 6.000 millones de ese bono, pero con $ 1.000 millones bastará para que haya un alivio. En esa mesa se enteró el gobernador de más detalles de las dificultades que tienen otras provincias para acceder a auxilios de la Nación, que la semana pasada recibió a su vez $ 6.000 millones autorizados por el Central y la anterior otros $ 3.000 millones. Si no ayudan, es la conclusión que el gobernador repite cada vez que le insinúan que hay mala fe política de la Nación, es porque no hay más para dar y el problema no es sólo de Buenos Aires sino de las otras provincias. La dimensión del distrito, claro, y de la ayuda que necesita es lo que alimenta la importancia política de lo que es para todos una crisis. Ese sábado, por supuesto, se suspendió el fútbol, que el domingo volvió aunque a puertas cerradas al campo del miniestadio San Daniel; apenas un entrenamiento con amigos y funcionarios como para no perder ritmo.




Ponerse por encima de las guerrillas mediáticas del fin de semana y clavar la idea de que Cristina y él arreglan sus asuntos fuera de la mirada del público fue el eje de esa rueda de prensa que le dio algo de nervio a un fin de semana largo y sin agenda institucional. El gobernador no hace nada improvisando y consultó con el amplio arco de asesores qué debía hacer. Concluyó que debía ser el comienzo y el final del discurso que ocupó, casi en cadena nacional, el mediodía del sábado. El público pide claridad y respuestas, había sido el dictamen de esos asesores, y haber logrado la atención avanzando con más sciolismo como remedio de los problemas del sector fue festejado en ese almuerzo privadísimo de La Ñata. 


Celebró también la mesa que hubiera recibido mensajes el gobernador de intendentes que estuvieron con Cristina en Olivos, que negaron los dichos del intendente de Lanús quien, a su vez, se enredó en desmentidos sobre esos reproches que repitieron otros kirchneristas del distrito, entre ellos el jefe de los diputados y abogado Julián Domínguez, quien se anotó como el crítico de más alto nivel de la provincia en marcar diferencias con el gobernador. Esos gestos los calificó Scioli como sobreactuaciones que tampoco la Presidente avala, al menos por lo que le escuchó decir en el diálogo del viernes.

El diputado Domínguez agregó el lunes pasado el título de abogado, después de rendir la última materia de la carrera en la UBA, Derecho de la Navegación, vulgarmente «Marítimo». Cerró así una primera etapa de su vida, que arrastró durante algunos años a la par de su tarea de político. Interrumpió el estudio cuando lo designaron ministro de Agricultura, pero cuando asumió como diputado retomó, quizás porque tiene más tiempo libre, la cursada de las últimas materias. En los últimos meses solía ausentarse del palacio legislativo, algo que algunos habían relacionado con alguna actividad inconfesable, que todos las tienen. A unos pocos les revelaba que se encerraba a estudiar hasta que el lunes informó de que lo deben llamar «doctor».
Reunió a celebrar ese título a familia y allegados a cenar en el restorán Carletto, en el Dique 3 de Puerto Madero, adonde concurrieron algunos íntimos como Haroldo Ledev (exintendente y exministro provincial), Adrián Mircovich, Alberto España (que luce el título de tío del kirchnerista «Wado» De Pedro, a quien se le atribuye vara alta en la autodenominada La Cámpora) y otros viandantes que festejaron este ascenso que es un título de abogado. Domínguez es hijo de una portera de escuela de Chascomús que se ufana de haber hecho de todo, desde cadete, vendedor de helados y, de grande, empleado de estudio jurídico, en donde descubrió su destino académico. Ahora, confesó mientras devoraba el rico menú de Carletto, quiere hacer un posgrado en Derecho Constitucional. En la mesa bromearon con que tiene en la Cámara dos posibles maestros: el actual titular de la comisión respectiva, el apoderadísimo del PJ Jorge Landau, y su antecesora, Graciela Camaño, quien milita en el otro peronismo pero que mostró ciencia constitucional de sobra en ese cargo pese a que se recibió de abogada mientras desempeñaba la presidencia de la comisión.




Con una agenda política distraída en los forcejeos internos del oficialismo, Domínguez se dio tiempo también para llevar a una parrilla vecina a Carletto, la afamada Estilo Campo, al presidente de la Cámara de Diputados del Brasil, Marco Maia, encuentro que sirvió para jurar amistad eterna entre los dos congresos. Fue a mediodía del viernes, después de los sombrerazos que se cruzaron diputados locales como Ricardo Gil Lavedra, Federico Pinedo, Omar Perotti, Ricardo Cuccovillo y Guillermo Carmona con la delegación brasileña. Para el almuerzo se agregaron los empresarios Gustavo Grobocopatel, Cristian Amuchástegui, José Alberto Zuccardi, Oscar Domingo (Don Mario) e Ignacio Rosner (El Tejar), además del escritor Julián Mandriotti; el titular del PROSAP, Jorge Neme; Norberto Liwski, asesor en derechos humanos y amigo de Domínguez, y el subsecretario de Valor Agregado y Nuevas Tecnologías, Oscar Solís, quien fue objeto de broma por parte de los empresarios porque en China es conocido como «señor maíz», debido a que es uno de los interlocutores en la apertura del mercado del cereal al país asiático, iniciada por gestiones de la presidente Cristina de Kirchner ante su par chino, Hu Jintao.


Dos comidas solidarias convocaron gente con un perfil más que bajo en este tipo de reuniones. La primera fue la de la Fundación Fernández, en el Hotel Intercontinental, con sofisticado menú y vinos y champán Norton. En este sarao hubo bajas y altas: entre las bajas, la madrina de la fundación, Mirtha Legrand (estaba enferma), y Mauricio Macri; fue su primera ausencia en estos eventos (se encontraba de viaje). Tampoco fue María Eugenia Vidal, subrogante en ese cargo. Altas: Woods Staton, el dueño de McDonald's en la región, con su mujer, Erica Roberts. Staton es considerado uno de los empresarios más ricos de Colombia y de América. En la comida ambientada al estilo «Fantasma de la ópera» se mostraron la presidenta de la fundación, Miriam Bagó; el ministro macrista Jorge Lemus, y empresarios como Germán Neuss, Eduardo Escasany, Luis Ribaya, Hugo Biolcati, Luciano Miguens, Juan Carlos Bagó y los hermanos Guerrieri. También figuras como Iván de Pineda, Juan Pablo Maglier, Enrique Llamas de Madariaga, Augusto Rodríguez Larreta, Ernesto Gutiérrez y Lili Sielecki. 
El jueves, en el Hotel Alvear se hizo la primera comida de la Fundación Zaldívar, creada en 1991 por Roger Zaldívar y su hijo, el también oculista mendocino Roberto y que conducen Estela Zaldívar y su hijo Roger, también exjugador de Los Pumitas. Sí estuvo la madrina de la fundación, Susana Giménez, que pasó por el quirófano de Roberto, al igual que un gran porcentaje de los asistentes a la cena; la diva recordó que ella se operó por recomendación de Bernardo Neus-tadt, amigo de los Zaldívar, con quienes solía veranear en Punta del Este. Estaban también el banquero Jorge Brito y su mujer, Marcela; Jorge Stuart Milne, Juan Brochou, Luis Ribaya, Guillermo Stanley, Marcelo Figueiras, Martín Cabrales, Cristiano Rattazzi, Gustavo Castagnino (Mercedes-Benz), «Tato» Lanusse, Santiago Soldati, Enrique Braun Estrugamou, Rodolfo Donofrio, Carlos Fontán Balestra, «Corcho» Rodríguez con Verónica Lozano, Germán y Jorge Neuss, Marcos Gastaldi con Marcela Tinayre, Teddy García Mansilla y Juan Pablo Maglier. Entre las damas se lucieron Graciela Borges, la senadora María Laura Leguizamón, Verónica Pueyrredón y la consultora Carolina Giménez Aubert. La conducción de la comida estuvo a cargo de Andrea Frigerio e Iván de Pineda. Verónica Cangemi, la soprano mendocina que está radicada en Europa, interpretó dos temas. 



Jorge Sánchez Córdova, presidente del Banco Finansur, pero también tesorero de Boca Juniors, llegó más tarde porque venía de una reunión de comisión directiva donde trataron la salida de Juan Román Riquelme y lógicamente fue el más asediado porque querían saber datos de dicha reunión y de los motivos de la ida del crack. Recordó que Riquelme en cuatro años en Boca Juniors embolsó 13 millones de dólares, una cifra que lo emparenta con los jugadores europeos. Pero lo curioso es que el estratega de Boca Juniors deja el club cuando se pesifican todos los contratos por la aparición del cepo cambiario. Riquelme se pierde de embolsar tres millones de dólares por irse antes, pero esa plata la iba a cobrar en pesos. Por eso las especulaciones eran que tenía un contrato en el exterior donde cobrará en dólares contantes y sonantes. Uno de los comensales le dijo: «Pero entonces no se fue porque se sentía vacío y no tenía nada para dar, sino porque no tenía dólares para recibir».
Sánchez Córdova no acotó nada, pero recordó que el actual presidente, Daniel Angelici, renunció años antes a su cargo de tesorero de Boca Juniors porque se oponía a que se le hiciera un contrato tan extenso y tan elevado a Riquelme. El club siente hoy en sus balances el pago de este contrato. Alguien le recordó que Mauricio Macri tampoco quería que viniera Riquelme a Boca. «Macri fue el mejor presidente de la historia de Boca Juniors», señaló el actual tesorero. Otro comensal que conoce muy bien lo que sucede en el club relató que Riquelme es extremadamente inteligente para tejer alianzas y generar poder, que por eso dividió al vestuario boquense y ahora les deja un enorme problema a los que se quedan. También surgió en la conversación el drama del fútbol argentino, que debe vender sus jugadores al exterior a un dólar de $ 4,50, lo que limita los ingresos más importantes de las instituciones. La pesificación de los contratos, si bien resuelve parcialmente el problema, alentará a que la emigración de jugadores locales sea más elevada.

Una tregua en la inabordable tensión del PJ, para buena parte del sciolismo, fue el cumpleaños número 40 de Carlos Gianella, colaborador de Daniel Scioli desde hace más de una década y una sombra detrás de los movimientos del jefe de Gabinete bonaerense, Alberto Pérez. En Pizza Cero, la noche del jueves, una postal del más puro estilo sciolista: un desfile de periodistas de todo color, medio y calibre, impensable en la celebración de un funcionario K. Un anticipo -o una confirmación anticipada- de lo que el gobernador hizo y dijo en la conferencia de prensa del sábado. Gianella suele, de hecho, mostrarse crítico de la ley de medios no por su «espíritu», aclara, sino por su instrumentación. Se declara a favor de crear «nuevas voces», pero advierte que a la ley le falta un segmento ligado al financiamiento. Sostiene -y lo charló con funcionarios y periodistas la noche de su cumpleaños- que la ley debería establecer que los Estados, tanto nacional como provincial y municipal, deban dedicar un porcentaje de gastos a la inversión publicitaria a partir de un régimen que haga la distribución basada en una fórmula que abarque a todos los medios. Un idilio, lo toreaban sus escuchas, suponer un sistema donde se otorguen avisos y pautas a todos los medios sin importar su posición frente a los gobiernos.

Modesto menú, para sintonizar con la orden de austeridad que impuso Scioli, para unos 100 invitados, entre los que se mezclaban funcionarios con consultores, artistas, periodistas y, naturalmente, la familia del agasajado: su mujer, María Tangherlini, y sus hijos Lucas y Camila. Alberto Pérez, que por la tarde había evaluado borradores de la ley de emergencia económica con el gobernador, con look ochentoso -un pantalón color borravino-, tuvo durante la noche, «apartes» con el ministro de Desarrollo Social, Martín Ferré, y el de Trabajo, Oscar «Cacho» Cuartango. Estaban también el titular del Instituto de Previsión Social (IPS), Mariano Cascallares; el vice del IOMA, Roberto Paso; el diputado «Manino» Iriart; el director de ABSA, Ricardo Morato; el subsecretario de Seguridad, Emiliano Baloira; Nicolás Milazo (Desarrollo Social); Jack Namías, de la Secretaría de Derechos Humanos, y Juan Manuel López Gómez, de Deportes. El consultor Fabián Perechodnik; Alejandro Dolina, con su dueto de productoras (una rubia y una morocha, casi el ying y el yang); Nora Lafont y Tom Lupo, entreverado en la lacaniana teoría sobre la metáfora y la metonimia, pero relacionando la primera con los hombres y la segunda casi como un recurso exclusivo de la mujer.
La psicología gobernó esa noche otras charlas sobre la relación entre Scioli y Cristina de Kirchner. Sobre el gobernador la certeza de que no cambiará su discurso y su comportamiento pacifista y, además, la advertencia de que los sectores -del kirchnerismo o del peronismo, en general- que quieren a Scioli y a la Presidente peleados no sabrán dónde pararse cuando, dicen, en 2015 formen parte del mismo dispositivo político y electoral. Cuestiones adicionales tienen que ver con la otra gran obsesión, cercana al sufrimiento, de Gianella por River, que lo empujó a la solidaridad en la angustia con funcionarios y periodistas que padecen el mismo karma que tratarán de enmendar, siquiera efímeramente, con el despliegue de «la bandera más larga del mundo». Fue el sociólogo Rodrigo Daskal quien contó que unirá la plaza donde estaba el viejo estadio millonario, en Tagle y Figueroa Alcorta, con el Monumental, en una caravana que se pondrá en marcha antes de fin de año. Las otras magias tuvieron forma de show con un mago que entretuvo a los invitados, hizo bailar rap al cumpleañero y se lució con un truco muy oportuno: rompió un billete y lo hizo aparecer, luego, dentro de una nuez y entero. Una metáfora muy bonaerense.

Otros bonaerenses, del mismo club, anduvieron el viernes por Lomas de Zamora, esa tierra emblemática para el PJ de la provincia, no sólo por ser el origen del duhaldismo que dominó el territorio sino porque ahora alberga a dos figuras de relieve: el alcalde Martín Insaurralde, y el vicegobernador Mariotto. Se llevan mal, como corresponde en la convivencia política, y la última expresión de esa inquina fue el conflicto en el club Banfield, que los tuvo como espadachines. El viernes Insaurralde se mostró con Karina Rabolini, presidente de la Fundación Banco Provincia, que llegó al distrito escoltada por Martín Ferré, el ministro de Desarrollo Social, para participar de una actividad con manzaneras. Ese dato habilitará conjeturas que echa a correr algún sector del sciolismo sobre una potencial candidatura de la esposa del gobernador, en el futuro cercano, cosa que la propia Karina manda a negar con insistencia. Rabolini hará, en estas semanas, apariciones similares, con Ferré, en unos 10 distritos bonaerenses para «capacitar» manzaneras, pero el caso de Lomas fue particular por dos motivos: desde la política porque Insaurralde es rival de Mariotto y desde lo emotivo porque Rabolini estuvo con el intendente a principios de 2011 cuando estaba en pleno tratamiento contra el cáncer. La primera dama bonaerense quiso saludarlo en privado y luego, durante el acto, al igual que Ferré, elogiar la voluntad del intendente.

Los radicales cultivaron en la semana que pasó su afición por los homenajes, ocupación que junto a las internas constituyen su principal divertimento por estos tiempos. Así como la semana pasada se convocaron a recordar el golpe militar que derrocó a Arturo Illia, el martes 3 de julio lo hicieron para honrar la memoria de otro expresidente y fundador del partido, Hipólito Yrigoyen, fallecido hace 79 años. Hubo una misa en la iglesia de la Piedad de la Capital Federal, sede de homenajes similares desde los años 50 pero que no parece tener patrocinio oficial del comité del distrito. Tanto que para pagar al organista que animó la celebración hubo que hacer una colecta, encabezada por el exsenador José María García Arecha, para reunir los $ 600 que les cobró el intérprete que halagó a los radicales que llenaron media iglesia. Otro grupo se juntó en el Instituto Nacional Yrigoyeneano para incorporar como miembros a dos cultores del yrigoyenismo, el exsenador misionero Mario Losada (que viene de atravesar un difícil trance en su salud) y Ricardo Alfonsín. Les entregaron los diplomas el vicepresidente del Instituto Diego Barovero (ejerce la presidencia en ausencia de Víctor Martínez, quien prefiere pasar el invierno en Córdoba) y el secretario Fernando Blanco, bajo la mirada de invitados estrella como Fernando de la Rúa (que sigue siendo destinatario de llamativos besamanos); Elva Roulet, Marcelo Bassani, José Canata, Leandro Illia, Morena Quiroz y Willy Hoerst (entornistas máximos de Ricardo Alfonsín) y un grupo de militantes de la agrupación JR En Lucha, que en su momento criticaron duramente la alianza con el empresario colombiano De Narváez.

Luego de las formalidades, como es habitual se sirvió un vino de honor -tinto Carrascal de la Bodega Weinert- que propició multiplicidad de relatos de anécdotas, sobre todo del veterano Losada, quien como presidente del Comité Nacional en 1993 llevó las medialunas sin saber que iba al encuentro liminar del pacto de Olivos que su jefe Raúl Alfonsín tejería con Carlos Menem y le abrió a éste la puerta de la reelección a cambio del jefe de Gabinete (frustrado ensueño alfonsinista del semiparlamentarismo criollo), el Consejo de la Magistratura, el tercer senador por la minoría y la elección directa del gobernador de la Ciudad de Buenos Aires (dos canonjías para aquel radicalismo aún no jaqueado por el Frepaso).
«Chiche» Canata relató que para la ampliación de la avenida 9 de Julio sur se demolió la manzana donde se encontraba la mítica casa que habitó «El Peludo» Yrigoyen en la calle Brasil al 1000 (a una cuadra de la estación Constitución) y junto con algunos conmilitones fueron dispuestos a llevarse algún recuerdo del histórico inmueble. Constataron en persona la modestia del departamento de quien fuera el presidente más votado antes de Perón (tres piezas de tres metros por tres unidas por un pasillo, una pequeña cocina y un baño) y se conformaron con la reja de hierro del balcón que luego instalaron en su comité en la vieja sección 16ª de la Capital. Se recordó que Yrigoyen -soltero empedernido aunque prolífico padre- se mudó allí desde Balvanera (el barrio del que fuera comisario) para frecuentar de cerca a la viuda del escritor Eugenio Cambaceres que vivía en un palacete de la avenida Montes de Oca a pocas cuadras y que le arrendaba un campo para engorde de ganado, con quien finalmente engendraron un hijo con destino diplomático que, sin embargo nunca fue reconocido. Nunca convivieron, pero cada noche, después de cenar juntos, el caudillo regresaba a pie hasta su domicilio seguramente a continuar con su incesante artesanía política.

La preocupación por la unidad partidaria motivó comentarios sobre los cismas que dividieron aguas en la UCR a través de 120 años de historia. Losada contó por ejemplo que la división de los años 50 que llevó a Frondizi a la presidencia generó resentimientos tan profundos que su padre, de quien es homónimo, como muchos radicales del pueblo de la época andaba en el golpe no obstante ser senador por Misiones con mandato de 9 años como preveía la Constitución.
Para solaz de Ricardo Alfonsín todos coincidían en que su padre, tras la muerte de Balbín, fue capaz de restablecer la unidad del radicalismo incorporando incluso a gran cantidad de intransigentes y exfrondicistas. También hubo un recuerdo para el recientemente fallecido César García Puente, quien después de su paso por la presidencia del bloque de diputados provinciales en tiempos de la gobernación de Anselmo Marini supo tejer una eficaz red de lealtades que le aseguró el control del comité de la provincia por varios años, desplazando así a la vieja guardia balbinista, entre ellos al propio exgobernador quien despectivamente lo nombraba invirtiendo el orden de sus apellidos: «Puente García». Sobre este dirigente cayó una excomunión en los 80 porque fue proveedor de intendentes a la gestión provincial del general Ibérico Saint Jean durante el Proceso militar. De la Rúa lo tuvo a este dirigente como puntal de su fallida candidatura en 1983 y que cuando finalmente acordó apoyar a Alfonsín (quien de todos modos le hubiera ganado la interna) a cambio de la primera senaduría por la Capital, lo dejó pedaleando en el aire hasta que luego del triunfo fue designado presidente de Hidronor.

Terminamos con un quincho artístico registrado durante un almuerzo en el grill del hotel Plaza. La presidenta de la Fundación Proa, Adriana Rosenberg, demostró cuán cerca puede estar el arte de los negocios. En este caso, la exposición «Pop, realismos y política. Brasil-Argentina», que el sábado 14 se inaugurará en La Boca, es la compañera ideal que escolta las inversiones del grupo Techint en Minas Gerais. La muestra reúne por primera vez el arte de los dos países, realizado en la gloriosa década del 60, y sorprende con más afinidades que distancias. Por su parte, Techint amplió considerablemente su inversión en Brasil, con la compra de acciones de Usiminas.
Para contarlo, disfrutando de una ensalada de hojas tiernas, estaba el director de relaciones institucionales de Techint, Gabriel Sbruzzi. El ejecutivo aseguró que la planta de las Usinas Siderúrgicas, la segunda de Latinoamérica, es mayor que la de Bergamo, en Italia. Mucho decir, ya que en esa ciudad, los Rocca son los Sforza de la modernidad. Cuando llegaron las deliciosas carnes y, un salmón rosado con espinacas que se llevó los mayores elogios, se brindó por este resurgir de las relaciones culturales, que estuvieron en su apogeo con la gestión del exembajador de Brasil en la Argentina, Mauro Vieira. Para impulsar el arte, Vieira abrió una sala de exposiciones en el palacio Pereda, donde hasta 2009, antes de partir a Washington, supo albergar al ministro de Cultura Gilberto Gil, y a operadores, críticos y coleccionistas como Gilberto de Chateaubriand y su hijo Bebeto, hoy, presidente del Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro, institución que ya cuenta con el patrocinio de la Fundación Proa. Desde la Casa Daros de Suiza, que en octubre de este año abrirá en Botafogo una imponente sede de más de 12.000 metros cuadrados con una de las colecciones más grandes de arte latinoamericano, cursaron invitaciones a la Argentina. «Con cuatro nuevos museos y una feria exitosa Río de Janeiro será la capital del arte», observaron.

Entretanto, el curador argentino de la exposición del Pop, Rodrigo Alonso, junto al brasileño Paulo Herkenhoff, reunió obras emblemáticas; entre las argentinas, el Che de Roberto Jacoby, un afiche con la célebre foto de Korda donde dice, «Un guerrillero no muere para que lo cuelguen en la pared», y el avión bombardero de León Ferrari, con un Cristo de santería clavado en sus alas; entre las brasileñas, las no menos provocativas botellas de Coca-Cola del proyecto «Inserciones en los circuitos ideológicos», y los billetes «Cero dólar» de Cildo Meireles. Para los postres -frutas con helados y mil hojas con dulce de leche- ¿cómo no recordar las muestras que organizó la argentina Frances Reynolds en Brasil, y sus fiestas con la escuela de samba incluida? Mencionaron entonces a Eduardo Costantini y el préstamo del cuadro de Tarsila do Amaral a Dilma Rousseff. El corresponsal Ariel Palacios de O Estado de Sao Paulo aseguró que muchos pensaron que la pintura se iba a quedar allá para siempre. Pero volvió al Malba, Museo que se apresta a recibir las obras de la pintora de Río de Janeiro, Beatriz Milhazes.
La galería Ruth Benzacar presentará en esa misma fecha a Leda Catunda e Irán do Espíritu Santo. Toda una movida. Rosenberg señaló que el actual secretario de Cultura de Río de Janeiro, Emilio Kalil, consolidó amistades en Buenos Aires (e incluso visitó este diario), cuando montó en cuatro museos porteños las escenográficas muestras con el arte de su país.


Entradas Relacionadas